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09/10/07
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LITERATURA Y MEMORIA
Procedimiento : Memorias de la Perla y la Ribera
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Comentario de Susana Aguad
1) La focalización del pasado en una narración de la experiencia que elude los preceptos tradicionales.
La primera preocupación del escritor, no es lo que tiene en mente como contenido de su obra, sino cómo lo expresa, de qué manera. Sólo la forma dará relieve a la obra literaria y la diferenciará de la literatura de mercado o de la mera enunciación retórica a que la limita el periodismo.
En ese sentido la obra de Romano Sued, ha cortado, como diría Th.W.Adorno “ el cordón umbilical de la tradición” y ha trabajado en la reconstrucción de la memoria del pasado reciente, la más terrible y trágica, no como cumpliendo un deber testimonial, sino dando prueba de que es posible, a partir de la experiencia personal, realizar una obra escrita con la palabra de las víctimas y de los victimarios, sus voces, sus cuerpos, sin identidad, sin dimensión temporal, sólo voces y cuerpos y un tiempo fragmentado, ofreciendo al lector un contacto increíblemente real y verdadero con el horror del pasado que de esta manera irrumpe desde su propia lógica.
Se propone el escritor, entonces, y Romano Sued, en su investigación sobre la forma que daría a su obra, despertar el contenido a través de la forma, o sea que lo condensado en la forma logre su propósito esencial : poner en primera plana al contenido.
“La narración de la experiencia está unida al cuerpo y a la voz , a una presencia real del sujeto en la escena del pasado. No hay testimonio sin experiencia, pero tampoco hay experiencia sin narración: el lenguaje libera lo mudo de la experiencia, la redime de su inmediatez o de su olvido y la convierte en lo comunicable, es decir, lo común. La narración inscribe la experiencia en una temporalidad que no es la de su acontecer (amenazado desde su mismo comienzo por el paso del tiempo y lo irrepetible), sino la de su recuerdo. La narración también funda una temporalidad, que en cada repetición y en cada variante volvería a actualizarse”.(1)
Podríamos señalar como los efectos principales del procedimiento narrativo de Romano Sued, los siguientes:
- Indeterminación de la noción de género en lo que se refiere a los límites entre poesía y narrativa, o, dicho de otra manera, la búsqueda, en un rastreo incansable de la lengua, de una contaminación mutua: la vida, en el dolor y el sufrimiento puede ser narrada poéticamente.
- Repetición e insistencia en los detalles del tormento que sufren las víctimas desde lo subjetivo como forma de derogar la representación tradicional así como la linealidad de la escritura.
- Contenido de verdad en el movimiento del pensamiento puesto en las voces y en los cuerpos, de una verdad presencial que desconoce los parámetros de un orden cronológico y de las identidades.
- La pérdida de la identidad de las víctimas unificadas por la sensación de ser sólo bultos informes. “No es mi nombre” “Igual me llevan” “No hay muertos, no existen””Ni esta, ni otra, ni otra, no soy. Soy todas, ninguna, bulto informe, casi indiferente, casi cadáver...”
- Ruptura de la temporalidad. Para quienes han padecido en carne propia la indefensión y la tortura en los campos, el tiempo fluye arbitrariamente, a su antojo, sin orden, en el mismo caos inicial que se repite. “Día dos, cero hora”. “Día ocho, cero hora”.”Día seis y medio, hora de sed y llagas”.”Antepenúltimo día”. La pérdida de la identidad unida a la fragmentación de un tiempo roto, caótico, imprevisible, próximo o lejano, son las dos improntas más nítidas de la experiencia de las víctimas, y así en el libro aparecen las voces en medio de lo que se ha borrado, de lo que ya no es, o de las identidades confundidas, en un registro colectivo de los horrores del acá, y de la indiferencia del allá.
2) El contenido de verdad en la obra de Romano Sued
¿Cómo hacer verosímiles las intimidades del horror para quienes no lo padecieron? ¿Cómo narrar la propia experiencia desde la subjetividad no de uno sólo, sino de todos? ¿Cómo crear el universo de los victimarios si no se lo ha conocido en carne propia?
La experiencia personal y la hegemonía de la primera persona lo permiten en Procedimento.
El contenido de verdad, está dado por “el llanto al que le faltan las lágrimas” al decir de Adorno, por la interioridad que se objetiva a sí misma, a través de su voz, de las voces, de vivos y muertos, de quienes podrán seguir vivos y de quienes ineluctablemente morirán.
Así aparecen los lugares, como un recordatorio frágil de sitios avasallados:”Razzia en Hasa, en Perdriel, en arquitectura, en pensiones de Alberdi y de Barrio Jardín”, desde la vejación por la mala suerte que te tocó por ser judía “así que sos judía, no disimulés” “Ustedes siempre curran, de usura, de plata, depósitos”. “Judía, qué mala pata tenés”.
Así también el “acá” y el “allá” representan dimensiones diferentes, el acá es el mundo de las víctimas, y el allá el de una sociedad parsimoniosa y ciega, con un definido carácter identitario.
Los muertos, dice Primo Levi, aquellos sobre los que se cumplió por completo el destino concentracionario, son irrepresentables porque la experiencia en la que culmina la cámara de gas, es la experiencia de la que no es posible reconstruir nada. Sólo los salvados, dice Levi, están en condiciones de dar testimonio.
¿Pero puede ampliarse el campo de lo recordable?
Los modelos narrativos de la experiencia encuentran en esta obra una indagación lingüística que amplía el campo de lo recordable. “Flamean jirones de recuerdo que asoman: lagartos en pantanos de ojos, de fotos agitándose cercanas a manos voraces partiendo de interrogadores que azotan cabezas, obligan a mirar formularios por doquier, quintuplicados, solicitudes de inscripción en carreras decoradas con fotos en ángulo superior derecho con caras carnet.-Una copia para cada servicio de inteligencia.”
El destino ¿existe? ¿Tenía que darse ese horror que padecí, que padecimos todas? parece preguntarse la narradora.
“Ya he declarado que la finalidad permanente de la literatura es la presentación de destinos” dice Borges en “El idioma de los argentinos”, y aquí, en este libro, los destinos son presentados a través de una memoria de primera generación, de la memoria directa, presencial, por momentos, escrita en primera persona, ya que la narradora no puede eludir lo más significativo de su experiencia personal:
“Profesor oiga mis versos, soy mi doble.
“Acá contengo espasmos, soy vara vertical.”
Y por ende, su registro de voces, sale de su celda, y de las vecindarias, patios y galpones.
La delicada construcción poética de la prosa de Romano Sued no declina, se mantiene aún en los fragmentados momentos de angustia nocturna, insomne e irredimible:
“Espumas de noches brotan desde tráqueas y desbordan en gargantas y epilepsias de cautivos, se enroscan collares de ahogo de vocablos de confesión sacada a dos veinte, a fuerza submarina retumbando.”
Un libro en el que la lengua fluye de este modo, que rompe con todo academicismo, que trastorna los géneros, que denuncia desde el yo, que testimonia desde nosotros, que no tiene miedo de mostrar el allá de la sociedad indiferente, pacata, contra fondos de marchas militares, está destinado a ser no sólo un aporte para la reconstrucción de la memoria, sino un formidable estímulo para todos los que creen en las posibilidades de la palabra que puede arrasar con la barrera de las imposibilidades, como dice Luisa Valenzuela al referirse a la obra.
Nada podrá expresar mejor que Antonio Machado, el sentimiento de los dolores de ayer, los de Susana Romano Sued, que se convirtieron en gusanos de seda que labraron capullos.
¿Mi corazón se ha dormido?/ Colmenares de mis sueños/ ¿ya no labráis?¿Está seca/ la noria del pensamiento/los cangilones vacíos/ girando de sombra llenos?
No, mi corazón no duerme/ Está despierto, despierto./ Ni duerme, ni sueña, mira/ los claros ojos abiertos/ señas lejanas y escucha/ a orillas del gran silencio.
Susana Aguad
(1) Beatriz Sarlo. Tiempo pasado. Siglo XXI editores.2005. p.29
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