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Procedimiento.
Memoria de La Perla y la Ribera.
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El Emporio Ediciones
Córdoba
2007
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Comentarios
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· Comentario de Bernardo Schiavetta 
· Comentario de Luisa Valenzuela 
· Comentario de Ludmila da Silva Catela 
· Comentario de Daniel Goldman 
· Comentario de Mauricio Tarrab 
· Comentario de Pérez Esquivel 
· Comentario de Amílcar Romero 
· Comentario de Daniel Riera 
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Procedimiento: ética y lenguaje de la memoria
por Bernardo Schiavetta
El libro, que edita El Emporio Ediciones, y con el que se inaugura la colección SEXTIL de la Editorial, narra las vicisitudes de la experiencia concentracionaria en lugares de detención clandestinos de Córdoba, como El Campo de la Ribera y La Perla. Los acontecimientos narrados se cuentan desde la perspectiva de una mujer, secuestrada, detenida-desaparecida, que se halla en compañía de decenas de mujeres, sometidas a vejaciones innumerables por parte de militares, paramilitares, civiles y religiosos colaboracionistas. Peripecias de horror de las cautivas, quienes tratan por todos los medios de sobrevivir, registrando hechos, situaciones, datos históricos, nombres, fechas y lugares, a fin de poder resguardar la memoria para entregarla al conjunto de la sociedad.
Asimismo, el relato se refiere alternativamente a uno y otro lado de los muros del Campo de la Ribera, a los cortejos que transitan hacia el cementerio San Vicente acompañando a muertos legales, con nombre y apellido, participando de duelos materiales y simbólicos, mientras que hacia adentro del campo, se muestra la condición clandestina, de identidades desparecidas de los secuestrados (mujeres y varones) y luego muertos, sin nombre, sin duelo, sin despedida.
La voz narrativa pertenece a una de las prisioneras, cuya condición femenina las hace especialmente víctimas del maltrato y el ensañamiento de los secuestradores, militares, civiles, ex militantes quebrados, religiosos. La narradora-protagonista es particularmente vejada por su condición de judía, de modo que al estado de sometimiento general infligido a las mujeres se intensifica y empeora aún más para ella, quien en sus descripciones de la experiencia de terror remite de manera abierta o velada a los acontecimientos del nazismo y los campos de concentración como Auschwitz, Treblinka, Majdanek, Dachau, entre otros. Asimismo, en numerosos párrafos dispersos en el libro hay referencias textuales o intertextuales a poemas que Paul Celan escribiera sobre los cuerpos NN aniquilados en los campos nazis.
La obra se basa en hechos autobiográficos y documentos históricos tomados de los numerosos testimonios aparecidos en Nunca más de la Conadep, recientemente reeditado, así como en diversas publicaciones ficcionales y no ficcionales, que han ido saliendo a la luz desde fines de los años 70 y principios de los 80 hasta la actualidad, en el extranjero y en nuestro país, elaborados por relevantes personalidades de la cultura pertenecientes al mundo de las artes y las letras y a Organismos de Derechos Humanos, como Paz y Justicia, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S., Familiares de detenidos-desaparecidos, Memorias de Redes Sociales Barriales, filmografías documentales y ficcionales, libros de investigación periodística, o en archivos públicos y libros de actas de diversas instituciones, como el Poder Judicial Federal y Provincial, Actas de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Asimismo recoge reflexiones y pronunciamientos de publicaciones tales como los Archivos de la Represión, proyecto coordinado por Elizabeth Jelin a nivel nacional e internacional, una de cuyas autoras relevantes es la Dra. Ludmila da Silva Catela.
A la manera de Joyce, de T.S. Elliot, de Tununa Mercado, de Diamela Eltit, el relato está construido de una manera singular y explora hasta sus límites las posibilidades del lenguaje, como la desarticulación de las cronologías, el recurso lipogramático de la supresión total de los artículos determinados e indeterminados -que mimetizan la condición de “indeterminación” de los desaparecidos-, el empleo de anagramas para nombrar a los torturadores, el uso de rimas internas y metros formales en la mayoría de los párrafos narrativos descriptivos, lo cual le otorga el carácter de una letanía, interrumpida sólo por los abruptos diálogos que atraviesan la obra y sostienen la verosimilización.
Es decir que desde la perspectiva del género literario, el libro constituye una contribución excepcional al campo de la literatura, pues resulta una pieza única que combina los recursos lingüísticos de alto nivel, con crudas frases de diálogo puestas en boca de los activos ejecutores del terrorismo de estado y la represión ilegal, horrorosos ejemplos de sadismo al servicio de un orden exterminador. De modo que resulta una vía sumamente interesante y enriquecedora para el estudio de la lengua castellana y sus posibilidades, sirviendo de modelo crítico y didáctico para investigaciones en el área del lenguaje en sus múltiples derivaciones y aplicaciones.
En lo que respecta a la dimensión ética, el relato tiene como base filosófica las postulaciones de Primo Levi, Robert Antelme, Edmond Jabès, Giorgio Agamben, Jean Bollack, Elie Wiesel, Paul Celan, Jean Améry, entre los numerosos autores que han reflexionado a lo largo de más de medio siglo sobre la experiencia concentracionaria y sus consecuencias sociales, políticas, culturas y subjetivas. Con ello, Procedimiento es un nuevo aporte al sostenimiento de la memoria y de la historia, así como un documento que muestra a las claras la indefensión del cuerpo femenino en situación de catástrofe, una catástrofe no natural, sino planificada y ejecutada por la mano de los represores y genocidas de la dictadura militar llamada eufemísticamente Proceso de Reconstrucción Nacional.
La imagen de tapa del libro corresponde a una pintura de Diana Dowek, artista argentina quien donó la obra, que se titula "Atrapado con salida"; se trata de una pintura acrílica sobre papel, del año 1977 -perteneciente a la colección particular de Graciela Peirú- y que forma parte de la serie del mismo nombre desarrollada por la artista plástica en calidad de resistencia a la dictadura, habiendo sido expuesta en numerosos salones de la Argentina y del exterior.
Bernardo Schiavetta
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Comentario de Luisa Valenzuela:
Este libro arrasa con la barrera de las imposibilidades. “No se puede escribir poesía después de Auschwitz” sentenció Adorno. Sin embargo por la senda inaugurada por Paul Celan, Susana Romano nos demuestra lo contrario en un texto en prosa que mucho le debe a la poesía. “¿Quién atestigua sobre el testigo?” preguntó alguna vez Walter Benjamin, y, como Primo Levi, como Semprún, como otros
y otras valientes iluminados, Susana Romano -alguna vez víctima
y testigo- encontró la voz exacta para poder atestiguar de los horrores, como en un eco.
¿De qué manera se logra narrar aquello que está tan al borde de lo inenarrable, lo inefable, lo insoportable que se ha logrado soportar dejando el cuerpo de lado, como un reflejo apenas de lo que verdaderamente somos? Se lo logra desmembrando, desarticulando. Como los cuerpos sufrientes, este texto responde también a un procedimiento: el de construirse alrededor de la ausencia de artículos determinados, creando así un espacio mercurial que nos involucra a todos. Espacio donde el tiempo se ha roto, donde la pérdida de todas las nociones nos llevan por ejemplo del Día mil treinta y cuatro, catorce horas al Día tres, cero cincuenta, al Día seis y medio: hora de sed y llagas, sin saltear etapas porque éstas son irrenunciables.
La memoria está acá, allá estuvieron los otros, los distraídos indiferentes desentendidos del horror.
En aquel entonces todo fue destruido salvo la palabra. Anagramizando y desarticulando, la palabra logra decir su verdad para preservar la memoria al reconstruir “Amargos retazos de versos (que) se desgranan trayendo antiguos tiempos sobre mi boca hendida”.
Así, con todo coraje, con ternura, con verdadera poesía, Procedimiento pinta un fresco de los años de espanto, vistos desde dentro, con las entrañas. Y se vuelve entrañable.
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Comentario de Ludmila da Silva Catela
Cuerpos contaminados. Controlados, vigilados, perforados, violados. La dificultad de relatar el horror para que éste sea audible, inteligible, es uno de los desafíos de aquellos que piensan y se piensan en la violencia y sus memorias… La literatura no es cualquier género en la cartografía de las memorias. Procedimiento… llevando al extremo las posibilidades y los límites del lenguaje, muestra de manera cruda y desde la ficción (y es desde allí que se torna audible), la experiencia concentracionaria, observada y relatada desde los cuerpos femeninos. Acusados de no tener patria, ni religión, ni moral, son ultrajados y ambiguamente tratados en clandestinos destinos, poblados de olores nauseabundos.
Aquí, importa más la descripción descarnada que la verdad de los hechos, las voces múltiples más que lo concreto de la experiencia. Importa aquello que nos puede conmover en esa única, (¿única?) frontera que compartimos: la del sufrimiento humano, la pasión, el sacrificio, el miedo, la esperanza. Sin embargo, este relato de ficción condensa de manera brutalmente eficaz la realidad. Al fin, es ésa la percepción e incorporación que como lectores tenemos sobre esos sitios de destrucción denominados La Perla y La Ribera.
Procedimiento… como un lugar de memorias nos recuerda que las pérdidas, la muerte, las situaciones límite son imposibles de ser totalmente representadas, no por que falten conceptos para designarlas, sino por que se nutren de formas de producción simbólica en las cuales la exclusión y los olvidos son condiciones necesarias para sus memorias.
Todo lo que pueda decir respecto a la lectura de Procedimiento… es sencillo y superficial al lado de la angustia que provocan sus metáforas sobre la crueldad infligida en los cuerpos de mujeres que, sin conocerlas, finalmente, nos rodean. La tortura trascendió los límites de sus cuerpos y nos involucra a todos.
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Comentario de Daniel Goldman
Procedimiento:
Amalgama de la memoria y la denuncia.
Un texto en forma bíblica.
Siempre recuerdo la frase de Julio Cortazar, cuando decía que las palabras así como los caballos, a fuerza de abusar de ellas por cansancio mueren.
Córdoba la docta, terminó como el resto del país uniéndose a la palabra doctrina. Siendo un religioso las doctrinas me asustan, porque cercenan la capacidad de pensar y soñar.
Y paralelamente la palabra procedimiento, proceso, desaparecido y perla se resignificaron hasta devaluarse. Ya una perla dejó de ser perla, para transformarse en prenda de dolor.
Pero hubo otras palabras que en el torrente de sangre se revaloraron. Elección es una de ellas, porque viene eslabonada con la libertad. En este sentido, la elección resulta un acto sublime en el que se pone a prueba desde la agudeza del intelecto, hasta la creencia que cualquier tradición nos ofrece, para trazar el surco de una apuesta hacia el futuro. En términos religiosos, la idea de la construcción de una era mesiánica implica el compromiso y la participación en un acto trascendente vinculado al ejercicio de seleccionar y destacar los valores más significativos expresados, entre otras cosas, en palabras que puedan representar esos valores. Conceptual mente volviendo a las palabras, la tradición judía siempre consideró a la palabra como una de las herramientas más vigorosas que representa tanto el plano de la ética como el de la estética. Es más: el acto mismo de "decir", en términos del pensamiento judío significa "hacer". Y a su vez la palabra, cual objeto, ocupa un lugar en el universo. En el lenguaje bíblico el vocablo "davar" significa tanto "palabra" como "objeto". Es en esa elección del objeto que el valor de la palabra adquiere significado y viceversa.
Estos elementos fueron tomados en cuenta cuando, en uno de los pasajes del Talmud, los rabíes Akiba e Ismael incursionando en el poder de síntesis, deciden escoger de todos los versículos aquel que capture la esencia del drama bíblico. Fue ahí donde el rabí Ismael se pronunció a favor de: "Este es el libro de las generaciones del hombre" (Génesis 5: 1) mientras que el maestro Akiba destacó el "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19:18). Este simple ejercicio de elección, como ideología y práctica de lectura interlineal desarrollada por ambos maestros, otorgó un marco referencial que define el objeto sagrado del libro, y que en su justa medida permite comprender que ambas frases pueden, a su vez, sintetizarse en otros dos vocablos que se transforman en senderos que permanentemente se cruzan entre sí. Ellos son la memoria y la denuncia. En primer lugar, la Biblia propone una dialéctica esencial, en donde sus fronteras son precisamente por un lado el acto de recordar y por otro lado su opuesto, que no es la amnesia, sino la acción de no olvidar. El "recuerdo" como práctica activa y el "no olvidar" como actitud pasiva. La pedagogía bíblica, como ejercicio de transmisión, nos asigna una misión abarcativa que indica que no se puede vivir todo el tiempo recordando, pero a su vez resulta obsceno ejercitar el olvido. El profesor Jaim Iosef Yerushalmi, en su célebre libro Zakhor, realiza un desarrollo magistral sobre este tópico. Como dato ilustrativo, nos cuenta Yerushalmi que la palabra "zajor" (recordar, memorizar, rememorar), en todas sus variantes hebreas, aparece 273 veces en la Biblia hebrea. El uso reiterado de este concepto da cuenta de la insistencia simbólica del mensaje. A su vez, el otro eje central de la Biblia está enraizado en la práctica de la denuncia como actividad permanente, en oposición al sometimiento del ser humano al conformismo mediocre y al autoritarismo ejercido por los poderosos en todos los momentos de la historia, quienes a través de corruptos mecanismos obstruyeron la capacidad del pueblo de escandalizarse, ante las formas injustas que sometieron al ser humano en su carácter de creatura de Dios.
Es este sentido de denuncia el recurso más genuino que modela con amor el vínculo con el prójimo. Fue el mensaje de los profetas, desde el ejemplar
enfrentamiento de Moisés con el faraón hasta la acusación de Jeremías al poder terrenal, y desde la tensión ejercida por Samuel ante el rey hasta el grito de incomodidad de Amos frente a la opulenta obscenidad material de su época, el que impregnó la palabra de Dios del desafío de responsabilidad en períodos de decadencia y en tiempos de crisis para que se ejerza la dignidad entre los individuos de esas sociedades. Estos elevados actos permitieron que el mensaje bíblico se extienda hasta llegar a nuestros días, enseñando a lo humano que permanece eternamente en cada uno de nosotros a comprender que cuando el uso de la memoria es de por sí un acto de denuncia, alcanza el más legítimo sentido del amor al otro. Procedimiento, este largo y bello poema de Susana Romano Sued, hecho en forma Bíblica, en el sentido de Libro, revive las hondas enseñanzas de los rabíes Akiba e Ismael amalgamando la memoria y la denuncia, en una sociedad cuyas heridas -como está a la vista- sangran todavía.
Daniel Goldman
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Comentario de Mauricio Tarrab
Conozco a Susy desde que éramos chicos. Es mi prima. Mi abuela no dejaba de hablar de ella, la adoraba, fuimos algo lejanos durante demasiado tiempo, Ella en Córdoba, yo en Buenos Aires, alguna parada adolescente en su casa antes de irme a las sierras. Luego vinieron épocas desgarradas, caminos divergentes, años. Una vez supe que se había ido a Alemania. Luego, hace ya tiempo el psicoanálisis más que la familia, nos reunió otra vez, o habrá sido haber reconocido, bordes, anhelos comunes, entrañables que nos acercaron. Nos escuchamos, nos leímos.
Y un día, hace menos de un mes mientras cenábamos con Tricia, mi mujer, y para mi supresa Susy me invitó a presentar su libro. Me lo dio y yo no sabía entonces de que se trataba. Meses antes me había dicho algo así: “escribí algo fuerte de una manera inédita”. No sabía qué quería decir con eso. Ahora lo sé.
Lo primero que tuve que hacer con este libro fue atreverme a leerlo. Cuando me lo dio lo dejé sobre mi escritorio y allí se quedó. Yo no lo abría y él no se movía de allí. Yo hacía como que no lo veía, pero su tapa partida no dejaba de mirarme. No me atrevía, les digo en serio, no me atrevía, y eso que no había leído aún ni una letra. Me disculpaba conmigo mismo en qué tenía mucho trabajo, que los pacientes, lo que yo mismo estaba escribiendo, excusas…
Cuando ya el tiempo no estaba más de mi lado tuve que abrirlo. Tuve que abrirlo porque quise hacerlo, claro. Porque quería estar acá. Y entonces ya no pude parar y lo leí de un tirón, alejándolo de vez en cuando para poder respirar.
Es un libro singular, de una escritura inédita. Si no se tratara de lo que se trata algunos párrafos podrían ser un haiku. Eso está ahí. Eso sucede. Eso pasa.
Uno puede abrirlo en la primera página, en la quinta, en la número 46, en el final, y siempre estará en el centro de la cuestión.
Lean este libro como quieran, pero lo abran donde lo abran todo estará ahí, en un párrafo que ahoga, en una línea que golpea, en una palabra que tiembla, que resuena, que grita.
Pensé que era el reverso del libro de arena de Borges, ese libro que nunca se volverá a abrir en la misma página. Este libro de Susy lo abran donde lo abran estará siempre en la misma página. Una pagina de cuya trampa no es nada fácil salir.
La amnesia del mundo no es una cosa nueva. Cada época ha tenido sus variantes brutales o sutiles por alcanzarla. Para el futuro se nos promete además que tendremos la ayuda benéfica de la ciencia para lograrla. Hace muy poco la prensa comentaba con entusiasmo, el hecho de que estaban muy avanzadas las investigaciones para lograr una píldora que permitiera obtener un “olvido terapéutico”.
Lo anuncian para el futuro, claro, pero amigos y amigas, vayan preparándose para tragarse la píldora. Una píldora pequeña pero con grandes efectos. Si UD. ha sufrido un trauma alguna vez en su vida, si ha pasado por situaciones que no puede dejar de recordar, si ha perdido un ser querido, si ha pasado por el amor y verificado crudamente el dolor de la ausencia, si no puede, en fin, dejar de pensar en eso. Si el pasado vuelve a dolerle, ahora podremos, bueno no ahora, dentro de unos años, ir a la farmacia y comprar la píldora para borrar los recuerdos dolorosos. Es más UD podrá ingerirla preventivamente tras una situación traumática, y de inmediato evitar el sufrimiento por venir.
No me creen… pues es así. Y ya lo sabía muy bien Goya al decir que el sueño de la razón produce monstruos. El estudio forma parte de un promisorio pero controvertido campo de investigaciones del cerebro que busca modificar, o borrar de ser posible, el impacto de los recuerdos dolorosos. Los investigadores aseguran que pastillas de este tipo podrían servir para tratar a soldados que deben hacer frente a los horrores de la guerra, a víctimas de la tortura en recuperación y otros que hayan vivido experiencias devastadoras.
Reconocen sin embargo que las investigaciones muestran que los efectos emocionales de los recuerdos se pueden mitigar, pero no borrar. Mitigar el dolor es un objetivo comprensible ya que hay de recordar que son intolerables, con las que no se puede vivir y de las que hay que poder desprenderse de la buena manera.
Pero estos exploradores del cerebro han descubierto el “olvido terapéutico”, cuando Freud en 1900 descubrió que lo que es terapéutico es el recuerdo. Es cierto, no voy a negarlo : no querer saber nada de lo que a alguien le concierne en eso por lo que sufre, es una aspiración comprensible, pero sería también el triunfo de la irresponsabilidad y el anonimato a la que se sigue empujando a la subjetividad moderna. Son variantes de lo que vendrá y que ya se anuncia en el imperativo actual de evaluación y de control de la conducta humana.
No es ese el “procedimiento” de Susy, su valentía. Su procedimiento es escribir en el borde del horror, rescatando trazas de memoria, jirones de cuerpos, pedazos reales del tiempo.
“Enrollo nuevas hojas, canjeadas, ocultas en harapos frenando borramientos de huellas, de historia, salvando, registrando en pronto recordar”
…
“aunque olvidamos mucho, bastante, cuidamos, resguardamos memoria rescatada salvada contra fragmentarios borrones”
El procedimiento de Susy, su valentía , y voy a decirlo así, su saber, es que cuando ya no se puede más hablar, cuando ya no se puede más decir, queda escribir, queda registrar, dejar huellas, marcas. Queda la inscripción, la talla en madera, en piedra si es posible, quedan las marcas cuneiformes, los bisontes de Altamira, las marcas de las uñas en la pared.
Cuando la subjetividad se aplasta, se desvanece, se extingue; cuando el Otro se deshumaniza, solo queda el deseo de la letra, el deseo de que algo se inscriba, aunque sea en la arenas, que el viento va a volver a llevarse. Queda eso, porque ese es el modo en que nos hemos humanizado, es eso lo que ha hecho con nosotros el Otro, el lenguaje, la cultura, o si Uds. quieren para imaginarizar la cosa, lo que ha hecho la Madre inscribiendo con su decir, su deseo sobre nuestro cuerpo. Y es alrededor de esa marca, de esa espina, de esa letra, alrededor de la que se construye toda la subjetividad humana.
El procedimiento de Susy, su valentía, nos da aún pedazos de la brutalidad real de una experiencia que no se puede contar, una experiencia que no se puede medir y pesar, que no se puede poner en ningún formulario, pero que se queda adherida a quien lo lee.
Su procedimiento es intemporal. En el libro no hay pasado, ¡no hay pasado! La experiencia de lo intemporal es abrumadora. Su memoria no construye una historia, una trama, un final. Nos da en bruto el siniestro sinsentido del horror. La historia la construimos con la lectura que hacemos, desesperados por darle algún sentido a eso que está ahí, desesperados por darle un sentido, heroico, trágico, político, darle a ese sinsentido rotundo una orientación, un trayecto, un devenir, una salida. Pues no la busquen en el texto. El procedimiento de Susy es implacable.
Y el espacio… todo el espacio de ese mundo infernal, está aplanado, Hay un allá y un acá. Hay la nostalgia imaginaria del Allá, pero cuando eso vuelve, cuando la marejada vuelve, está de nuevo ese Acá que hace temblar.
Allá correcto orden y paz y calma, serenas maestras y aplomados maestros entrenados…felizmente arrullados, tranquilos, acariciados por tiernas y firmes palabras…
Acá ni sé que somos
Te digo, semimuertas
Pero el suyo, no es solo un procedimiento de memoria. Es también el uso material de la escritura. Y de eso está hecho su testimonio.
Así como César Vallejo imploraba para que España apartara de él su cáliz, pero no dejaba de escribir adentro de esa herida, Susy escribe.
Aromas dulces me hacen heridas sensoriales, alegran de vivir, aún si sangra, aún si astillas riegan de huesos mi rincón
…
vocaciones de sobrevivir
Ella hace su “esfuerzo de poesía” desgarrada y vibrante y viva, para que pueda escribirse en ese agujero infinito otra cosa. Para que pueda escribirse otra cosa, por venir. Es su manera de hacer memoria y es su manera también de dejarla atrás.
Por eso creo que hay que contradecir, a pesar del respeto que tengo por el personaje a Adorno, y a pesar de que él mismo se ha retractado –como me lo recordó mi hija ayer a la noche- de esa frase que se menciona en la contratapa del libro .
Hay que contradecirlo, cuando Adorno dice que “no puede haber poesía después de Auschwitz” . No, no es así, lo siento amigo Adorno, lo que no puede haber es Auschwitz, La perla, La Ribera, la ESMA , nombres espantosamente criollos para el horror universal frente al que aún el buen Dios claudica.
Para terminar esta presentación, que es también la manera que he tenido de dar mi propio testimonio como parte de esa, mi generación, marcada a fuego por la desmesura de los ideales y por sus reversos siniestros, y marcada también por la insensatez, por tanta insensatez... tomo un párrafo en el que Susy hace escuchar la voz marcial :
Uds. no estarán, no dirán, no hablarán, no van a dejar rastros; si quedan, ninguno creerá; apostemos.
Muy bien, pero aquí estamos y entonces podemos decir que a pesar de todo… a pesar de todo, ellos perdieron la apuesta.
Mauricio Tarrab
13.12.07
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Comentario de Pérez Esquivel
Este libro nos hace compartir el dolor de nuestras hermanas y hermanos víctimas de la dictadura militar, como lo fue también el Obispo Angelelli, cuya misión de lucha por un país más justo, con su opción por los pobres empezó justamente en Córdoba. Susana Romano Sued une su voz a la de los muertos y desaparecidos pero también a la de los sobrevivientes, que cumplen con la labor ética de narrar los acontecimientos para esclarecer la verdad y contribuir a la plena realización de la justicia.
La escritora Susana Aguad, "da prueba de que es posible, a partir de la experiencia personal, realizar una obra escrita con la palabra de las víctimas y de los victimarios, sus voces, sus cuerpos, sin identidad, sin dimensión temporal, sólo voces y cuerpos y un tiempo fragmentado...".
En su narración se unen cuerpo y experiencia, y la experiencia se cristaliza en narración, liberando lo que suele estar mudo, o temporariamente callado, y lo saca de ese mutismo para colocarlo en un lugar central: el del lenguaje que da batalla contra el olvido, testimoniando e invitando a la Memoria.
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Comentario de Amílcar Romero
En la contratapa Luisa Valenzuela proclama, de arranque, que "este libro arrasa con la barrera de las imposibilidades." A decir verdad, estos TXTs, como los de las solapas, adolescen de no ser muy creíbles ni prestigiosos. Normalmente son amistosos y laudatorios.
Pero ocurre que si a lo largo de las 150 páginas de Procedimiento - Memoria de La Perla y La Ribera, el volumen muy difícil de encuadrar de Susana Romano Sued, psicoanalista y catedrática de la Universidad Nacional de Córdoba (El Emporio Ediciones, agosto 2007), no ocurre exactamente lo anunciado, el suceso no lo hace por lo transitado que puede ser el hecho de escribir un libro y editarlo. De movida, la inquietante tapa del dueto Dowek-De Lorenzi no vuelve a las expresión artes gráficas un lugar común. Es un hecho estético que se acopla, a veces el troquelado de manera hasta molesta, a lo que contiene. La misma Valenzuela, a punto seguido, se encarga de exhumar a Teodoro W. Adorno y recordar que "no se puede escribir poesía después de Auschwitz." En algún momento, Jean-Paul Sartre sentenció que la estética siempre se aparea a lo revolucionario y que ningún reaccionario, mucho menos si es nazi, puede incurrir en la belleza. Hizo una sola excepción para confirmar la regla: Ezra Pound.
Los dos centros de detención que menciona el subtítulo, que la autora fue obligada a conocer y padecer, porfían en erigirse en cualquier cosa, menos en apacibles y románticas musas. La abundante literatura en todos los formatos que promovió la Guerra Sucia trataron de afilar el lápiz hacia la exactitud del testimonio o apelar a los sentimientos o a lo que el imaginario colectivo pretende implantar como un ideal más o menos de lo humanitario, no de lo humano, que no son sinónimos aunque suenen parecidos. Y no se puede negar que el de Procedimiento es un terreno más que resbaloso. La menor vacilación conduce al abismo como lo más cercano. Por otro lado, apelar a lo más socorrido, como es la necesaria catarsis de quien ha sufrido todos los paroxismos del horror, curiosamente empaña los logros de lo literario. El singular ángulo de abordaje conseguido por la autora cordobesa es lo que la ha eximido para poder sortear un terreno minado, lleno de miguelitos, espinos y algunas otras piedras para tropezar hasta bordear lo deportivo de dar el hocico contra el suelo. El costo no es una pichincha. Y si se debe celebrar el talento y el ingenio para superar todas estas barreras, no se puede menos que por lo menos dejar constancia del precio de lo sufrido para lograrlo. Procedimiento, en suma, es un libro de un tratamiento incierto, ondulante, ocioso discurrir si prosa o poesía, despreciando los géneros como hacía Borges para rescatar a la literatura a secas, que hay que ver cuánto y desde dónde se puede se puede allí celebrar.
Por lo pronto, si hay algo seguro es que el lector no lo sobrevive del mismo modo que lo abordó, mucho menos ileso desde lo cognitivo y se es mínimamente fiel al autor de Los caminos de la libertad para quien lo estético necesariamente debe comprender al fenómeno del conocimiento.
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Comentario de Daniel Riera
Novela subversiva De tanto en tanto, periodistas y críticos literarios se preguntan cuál es “la” novela sobre la última dictadura militar. La cantidad de ficciones que han abordado el tema es abundante; su calidad, inevitablemente dispar. Hace unos días, de paso por Córdoba, me regalaron Procedimiento. Memoria de La Perla y la Ribera, de Susana Romano Sued. Quien espere, a partir de ese título, un testimonio naturalista y crudo, un “relato de sobrevivientes” apenas ficcionalizado, se equivoca. La palabra “Procedimiento” remite aquí a los siniestros operativos de los “grupos de tareas”, pero también a lo que hace un escritor cuando trabaja sobre la forma y la estructura de sus textos. La mera didáctica de la denuncia hubiera producido un texto muerto, rancia literatura “comprometida”, un apéndice del Nunca más más o menos “bien escrito” según el caso. Romano Sued prefirió hacer lo que proclamaba Néstor Sánchez:“abrir las formas hasta que no quede nada de ellas”.
En Procedimiento, su primera novela, Romano Sued trabaja sobre la sonoridad de las palabras y sobre el ritmo que surge al combinarlas. Atraviesa la narrativa desde la poesía, pone en tensión el concepto mismo de “narrativa”. Si estamos en un tiempo sin tiempo, si el ámbito del relato es una suerte de eternidad infernal, la cronología no tiene ninguna importancia. Por eso, tal vez, la parodia de cronología: aquí vamos del día tres al día ocho, del día ocho al día dos, del día cuatro al día uno y medio y del día uno y medio al cuarenta y seis y así. Y en el marco radical de esa idea del “no tiempo” no hay lugar para las convenciones de la introducción, el nudo y el desenlace. Lo que hay a cambio es una sucesión de párrafos breves, la (re) creación de una atmósfera irrespirable, envolvente, y la preservación de la voz propia como militancia, como ejercicio liberador.
Acá llueven y salpican vómitos de cincuentaydos desparramándose en mareas sucias de acre resaca involuntaria esparciéndose mientras frisos fríos albergan dientes como dijes, muelas como guijarros, campanillas batiendo hemorragias, derramándose sangres como afluentes brotando desde bien de atrás sin eco de calabozos y picanas que tapen cortejos que arrastran pies y ruedas hacia bosques de mármol y granito moradas últimas flanqueadas por pies acompasados, (compañía de marchas trazando itinerarios a panteones que quisiera mi hogar). Trato de pensar de qué modo interactúa Procedimiento con otros textos que aluden a la dictadura. Voy a la fundamental Carta Abierta a la Junta Militar que Rodolfo Walsh hizo pública el 24 de marzo de 1977, un año después del golpe de estado. Ahí está todo: la Carta es un vademécum conciso y perfecto que permite saber todo lo imprescindible sobre la dictadura: qué hacían los militares, a beneficio de quiénes y para qué lo hacían. Por qué torturaban y cómo lo hacían, por qué mataban y cómo lo hacían, en qué consistía la política económica y quiénes la dictaban. Ahí está todo. O casi todo, porque Procedimiento agrega la dimensión de lo corporal. Es un libro escrito desde el cuerpo, una materia nueva construida a partir de la materia sojuzgada. Donde Walsh pone datos, Romano Sued pone sensaciones. Cada texto es el complemento perfecto del otro. Son dos maneras –ambas eficaces, ambas necesarias– de encarar el relato de la dictadura.
Acá muslos, pantorrillas, muñecas, cuellos arados, rastrillados por hilos vivientes, ardientes, de cobre, por latas llenas de herrumbre dejando su excavadura tallada en tobillos sin piel, sobre ingles lastimadas, desgarrando tela y epitelios. Latones cargados con desperdicios de alimentos flotando listos para penetrar en lóbulos límbicos en vértigos submarinos remando de través por lagunas de olvido.
Lejos, bien lejos de la épica montonera de Recuerdo de la muerte, de Miguel Bonasso, en Procedimiento no hay héroes. El único gesto heroico posible es la supervivencia. Sólo los sobrevivientes podrán dar testimonio de lo vivido. La voz que narra no habla sólo de la supervivencia del personaje protagónico: habla, también, de la supervivencia de la escritura, de la supervivencia de esa voz particular y única. Por eso, tal vez, sería una injusticia ubicar Procedimiento al lado de Nunca más y/o otros tantos catálogos del espanto: su lugar está, más bien, en otro sector de la biblioteca, cerca de las obras de Néstor Sánchez u Osvaldo Lamborghini, escritores fatalmente más celebrados que leídos, que se ocuparon de diluir las diferencias entre el “narrador” y el “poeta” y escribieron textos inclasificables, incómodos, verdaderos dolores de cabeza para la crítica, momentos de choque entre el arte y la cultura. En su prólogo al tomo I de Novelas y cuentos de Lamborghini, César Aira advierte que “hablar de ‘prosa narrativa’ en Lamborghini es un eufemismo bastante precario, por la omnipresente contaminación de prosa y poesía, por el carácter narrativo de su mejor poesía y por la presencia tenaz de elementos no narrativos en su prosa.” Procedimiento presenta dificultades similares para su clasificación. Es un libro libre, un gran triunfo de la subversión.
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